Cristo Pastor, Madre de Hierro/Juan Norberto Lerma
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Cristo Pastor, Madre de Hierro
Certificado
Registro Público del Derecho de Autor
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AUTOR: Juan Norberto Lerma
Título: CRISTO PASTOR, MADRE DE HIERRO
RAMA: LITERARIA
TITULAR: Juan Norberto Lerma
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Número de Registro: 03-2024-040211440100-14
Ciudad de México, a 04 de abril de 2024
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Contenido
Cristo pastor, madre de hierro
El Credo marcado en la espalda
El demonio me suelta las manos
Sangre de pollo escurre de mis manos
Querubines aletean en la alacena
Dios, esta noche me has abandonado
Maldito de Dios, hoy nadie me quiere
Vírgenes de cartón que esparcen salitre
Una niña de bruces en el lavadero
Estúpidos de Dios, animales puros
Todo se marcha, se lo lleva el agua
Más valía no haber nacido del pecado
Ojos censores vigilan mi corazón perro
Un coro de ovejas atestigua el desayuno
Los preceptos que nos avasallan
Nosotros somos todo su misterio
Me quiere espíritu y soy de carne
Mucha tierra me cae sobre los ojos
Dios de corderos, no te veo en el umbral de las casas
Señor, bautízame en la fe de los ciegos
Rito solemne de pan y misterio
Seres remendados convergemos en el templo
Maldigo los días, mil veces te niego
Me diste la boca, pero los verbos son míos
Los preceptos de Dios no son de este mundo
Un día cualquiera el fuego lloverá del cielo
Un chamán con su harem de gallinas
Un rayo rojo me atraviesa la cara
Mi cuerpo es una cárcel perfecta
En los golpes adivino justicia
Sangre inocente bautiza mis manos
La voz que se escucha en estos textos es la de un niño que describe las batallas que enfrenta para adecuar su comportamiento a los mandamientos de la ley de Dios. Las escenas que aparecen en los poemas son la visión del niño que no tuvo durante su infancia las palabras para describir lo que vivía, y simplemente enfrentó como pudo la vida y la doctrina, y que ahora que es adulto encuentra las frases para poner sobre el papel, no sin algo de nostalgia y felicidad, lo que recuerda de aquellos años.
La infancia casi siempre es un paraíso, y como en todo Edén, hay una serpiente, un demonio escondido, aunque sea de forma figurada o simbólica, que hostiliza las buenas intenciones. El niño primero aprende la doctrina cristiana, sin embargo, casi al mismo tiempo se despiertan sus instintos vitales.
En esa lucha se debate el niño, por un lado, están los preceptos rígidos e indudablemente benéficos y formativos de la doctrina cristiana, y por el otro, los instintos y las emociones naturales que lo llevan de lo espiritual a lo puramente mundano.
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El manso cordero
El dios de mis padres, verbo de cielos,
levita sobre el terreno de barro.
Mis ojos miran a través de él y nada retienen.
Yo estoy sobre tierra, manso cordero,
pasto salitre y flores de niñas.
Un pájaro de trapo picotea una isla blanca en el cielo.
Brotes de hombre surcan las calles,
se alejan de su luz interior
y buscan el brillo en umbrales.
Sombras de sí,
las mujeres cosechan la sal de su prole
y se arrebatan jiron...
Mi reino de lodo
Jesús, hombre bueno,
colmas de magia mis años de niño.
Médico del alma, ojos del ciego,
mientras rezo con mi madre,
a sus pies veo el vino donde antes sólo había agua.
Palabras de fe repite mi aliento,
ángeles y vírgenes surcan mis sílabas blancas, bostezo y ensueño.
Un grito de sangre retumba en el mundo
y retiembla mi pecho y cuanto hay en la cocina.
Como una divinidad, mi madre sacude mis pecados
y me trae de la mano a la vida de nuevo.
Me quiere pasivo ..
No soy libre, vivo condenado
El Dios de mis padres me quiere muerto o condenado,
me ha dado reglas y las combate con llamas.
Yo quiero arrancarme los ojos, cortarme las manos,
servirme del mundo mi ración de pecado.
Mi padre me quiere de hierro,
mi madre, perro o cordero.
Me muevo entre sombras, prisionero de mí,
no soy yo el que maldice los panes.
No soy libre, vivo condenado,
Jesús me ampar...
El Credo marcado en la espalda
A golpes me inculcan fervor religioso,
y el temor de Dios echa raíces en mí a maldiciones.
Llueven a diario en mi cuerpo los palos de una doctrina perfecta:
combate demonios, ordena los mundos.
Soy un jardín en el que aran las mulas
y siembran valores morales las aves de rapiña.
Llevo en las rodillas el Avemaría,
El Credo marcado en la espalda
y el Padre Nuestr...
Los ojos de Dios me acosan
El pecado de la desobediencia me cerca,
puedo huir de mi madre,
pero los ojos de Dios dondequiera me encuentran.
Coléricos, escoltan mi camino,
crucifican mis ojos, hielan mis manos.
Me asaltan en la superficie de las charcas,
como un reproche, me muestran el pacífico cielo.
Emboscados,
me censuran de fuego si brinco la barda y voy detrás de las niñas.
Busco el amparo del buen Jesús en la zanjas,
en cada barco de mad...
El demonio me suelta las manos
Duermo a tus pies, buen Jesús.
Mi ángel de niño revuela en mis sueños.
Trepo las bardas, brinco las charcas
y garabateo con los pies palabras de lodo en las zanjas.
Rendijas en la madera indiscreta me llaman,
mujeres de pan del otro lado se bañan.
Blancas palomas sin plumas,
sus frutas morenas relumb...
Sangre de pollo escurre de mis manos
Chacales somos, lobos somos,
sangre de pollo escurre de mis manos.
Mi madre, de sal se detiene,
resbala de almendra el aceite en sus ojos de plomo.
Los mares se parten,
dan a luz un dolor con mi nombre en oscuro.
Ajeno a la muerte me empapo las manos,
miro la cabeza separada,
la cresta que brinca, el ojo en vigilia.
El cuerpo desn...
Lo que vive allá arriba
Alrededor de la charca jugamos.
Resplandecen en cristal nuestras almas de niños,
y rodamos de bronce en el llano.
Manos amarillas destejen las horas en lo alto del día,
libélulas guindas surcan el agua.
Los niños somos de polvo,
mariposas color del desierto y estatuas de barro.
El espejo negro revela lo que vive allá arriba,
blancas barbas, un trono de fuego, Dios que me mira.
Peces barbados burbujean en la charca,
mi alma se achica ante mis muchos pecados.
Miles de moscos de pla...
Querubines aletean en la alacena
Los panes están sobre la mesa,
inmóviles y gordos,
parecen ovejas de madera.
El atole en vasos de hule burbujea,
su olor despierta en mí fieras paganas,
que no creen en bendiciones.
Mi madre inclina la cabeza
y espolvorea una prédic...
Un ángel en la ventana
Llueve,
y la gota murmura su tonada de ensueño.
Se vuelve la mesa un territorio
colmado de objetos enanos.
Las palabras pierden sus alas,
sucumben en el chisporroteo de la cera que escurre.
Un ángel nos mira desde la ventana,
su cara empieza en el cristal
y termina en la flor
que destella la estufa de fuego.
Pasan barcas entre las nubes.
Una luna de mantequilla y tres delfines
atestiguan la música del cielo.
La carne se olvida de sí,
entrecierro los ojos de plomo,
y la mano lenta de Jesús se posa en mi mejilla.
La cama es un vient...
Una mujer en toalla
Por las rendijas miro a una mujer en toalla,
alcatraz nocturno, paloma de piel anaranjada.
Es del doble de mi altura,
y sus formas a veces son de cera
y enseguida de madera.
Casi desnuda,
se escarmena los cabellos a la luz de la vela.
Caballos de hierro se encabritan en mi pecho,
mis manos húmedas arañan los cartones del muro,
mis ojos se vuelven animales en el desparpajo de su cadera.
Sus dedos son libélulas
que sobrevuelan un jardín de paja que destella.
Su cuello, un cisne mudo, una sierpe de hojaldre que gotea.
Sus pechos, frutos que m...
Dios, esta noche me has abandonado
En un rincón del cuarto el diablo está emboscado,
el vientre del quinqué palpita,
la plancha, de calor rechina.
Ángel de mi guarda, acurrúcate en mi almohada,
Jesús, hombre puro, perdona mis pecados.
El borde de mis cobijas es mi última trinchera,
luego sigue el sueño,
dolor mortal o feliz aventura.
En el día no pequé,
pero los mayores afirman que soy malo.
Bajo la mesa, retazos de luz hacen visajes de perro,
en una esquina del ropero, telas desgarradas cobran vida.
Enanos ventrudos mordisquean los bordes de mi cama,
con los ojos cerrad...
Maldito de Dios, hoy nadie me quiere
He roto la casa, quemado la calle,
maldito de Dios, hoy nadie me quiere.
Me pierdo en el patio, a los ojos de todos,
y ninguno me llama.
Soy malo, mi madre lo ha dicho,
en mi carne alienta el demonio.
Junto a la barda pido perdón a Jesús, en silencio,
y mi ángel aprueba el dolor de mi drama.
Sumido en mí mismo escarbo las zanjas,
edifico prisiones,
construyo un imperio de pollos paganos.
Sé que a veces soy malo,
pero en ocasiones arrodillo al demonio.
Huerto de olivos, madre, po...
Vírgenes de cartón que esparcen salitre
Una muchedumbre entona cantos en el llano,
los hombres están lejos del templo,
pero parece que hoy lo llevan tatuado en el pecho.
Sus cuerpos se miran nuevos,
sobre sus cabezas se derraman truenos,
en sus bocas las palabras de tierra se vuelven de lodo festivo.
Pasean en las calles una imagen que por los ojos mana agua,
portento moderno que acercan en andas a prójimos descreídos.
Fundan la fe en vírgenes de cartón,
esparcen salitre milagroso que cura la orfandad
y la podredumbre del alma.
Expuestas al sol, las culpas ondean en los tendederos,
Becerro de Oro que quit...
Una niña de bruces en el lavadero
La niña está de bruces en el lavadero,
sus muslos son dos abedules de pan sembrados en tierra.
Jadea, parece montada en un potro,
el cabello le vuela a la espalda,
sus frutos del pecho se empapan de oscuro.
Virgen del cuerpo, aliento del diablo,
sus manos de trapo amasan la ropa,
se trepa su falda,
su boca de rojo se abre,
sangra y se arrebola.
Si dentro de mí existe algo impuro,
se asoma a mis ojos
cuando descubro su vientre inmaculado.
El papalote, gran Dios, se me escapa de entre las manos,
una felicidad rubia se derrama en mis sentidos.
Me mira de hielo en la barda,
su risa me cerc...
Peregrino del sol
Mendigo entre mendigos,
un viejo pide a gritos que llueva.
Peregrino del mundo,
implora en la puerta la sombra
y un vaso con agua.
Caen de su pelo puñados de polvo,
y en el calor del umbral,
siento que su sombra retumba.
Mi madre me apura,
a su lado escucha noticias de huertos oscuros.
La olla de barro es un pozo sereno,
duerme en paz sobre su banco de arena.
El agua muerta vuelve a la vida,
se abre al cristal del vaso y sus olas destellan.
El viejo sacia su sed y torna a ser otro,
el viento le l...
Mis manos de fuego me buscan
A veces, lo oscuro me acecha.
En el calorcillo de mi cama
mis manos de fuego me buscan.
El cuerpo de pronto se enciende, la llama palpita,
en la sombra se quema.
Mi vista se nubla, sé que soy yo,
el mismo que gime,
pero otra la boca que reza.
Me quedo conmigo, repudiado por Dios
y huérfano de ángel.
Llora mi alma de niño,
las sombras, de cuernos se ensanchan.
Me acerco a J...
Estúpidos de Dios, animales puros
Animales puros se regocijan en el patio,
emboscada en la piedra, la lagartija negra asesina,
en su laberinto de espuma, la araña engendra otro crimen.
El pollo cándido devora insectos vivos,
y más allá, un perro destroza a los conejos
y se mantiene inmaculado.
Sólo yo soy fecundo en pecados,
mis labios mustios agreden,
las manos y la voz me bastan para empedrar
el camino de cul...
Todo se marcha, se lo lleva el agua
Miro fluir el agua en un arroyo,
los hombres hicieron el canal con las manos.
Espejo negro de piel dañada, sangre de qué días,
le tiro briznas y parece que llorara el cielo.
En el reflejo veo jirones de casas desgreñadas,
la honda luna con su cara iluminada,
y seres oscuros que se diluyen en el barro.
Todo se marcha, se lo lleva el agua,
se van las casas, se va mi r...
Más valía no haber nacido del pecado
En la paz de mi cuerpo,
batallan el cielo y el infierno.
La palabra de Dios es de plomo,
mi apetito del mundo alienta mi carne sometida.
La doctrina llueve áspera sobre mis nueve años,
mirar es pecado, tocar es pecado, sentir es pecado,
más valía no haber nacido del pecado.
En la oración noctu.....
Hombres de polvo
Dios del desierto, ensombreces el llano,
los hombres de polvo dan pasos de ciego.
A veces florecen de pan
y otras esparcen con sal los caminos.
Flacos y huraños flagelan la tierra,
se hartan las manos,
se llenan la boca y adoran la carne enemiga.
Se enfrentan a ti en las horas de duelo,
el diablo los cerca, habla por ellos,
y de bruces los abandona.
Encomiendan su ser a no saben qué,
y por la noche te encu....
Ojos censores vigilan mi corazón perro
Mi madre de hierro
impone las leyes de Dios con mano de fuego.
En su palabra terrible impera la voz del infierno.
Sus manos, suaves para consolar,
ante la desobediencia se vuelven de hielo,
sus ojos censores vigilan mi corazón perro.
En la tierra de mi cuerpo impone la ley del señor con palabras severas,
gobierna mi alma con miradas temibles y ademanes de plomo.
Corderillo inocente, pasto en su pecho,
mis demonios se refugian en regiones agrias y acechan su hora.
Mi madre amoro...
Infierno del cuerpo
Pequeña fiebre, infierno del cuerpo,
paraíso de árboles de sangre puntiaguda.
En mi fiebre, conviven castillos habitados por demonios de lodo
y engendros que chapotean en pantanos.
En un respiro,
el agua de nuevo se vuelve vino sagrado,
los muertos alientan
y departen con cuanto está vivo.
En la fiebre que me consume
no hay diferencias entre ángeles y demonios,
hombres de luz y madera recorren la tierra,
realizan en paz en sus cuerpos la vida.
Pequeña fiebre verdadera, mi madre custodia mi sueño,
en la sombra, es una fiera que iría al inferno si con eso yo gano el cielo.
Pendiente de mí, esparce oraciones,
ángeles y querubines escancian con mirra mi almohada.
Pequeña fie....
Una tarde en la doctrina
Sentado en mi banquillo de doctrina,
chapoteo en el lodo,
en otro mundo duerme mi perro o corretea gallinas.
Me miro solo y desolado,
sin madre, sin patria y sin hermanos.
El diablo me susurra en los oídos algo parecido a un chorro de atole.
En el entresueño, sólo creo en los milagros que produce la vida,
en la capacidad del cuerpo de guardar secretos,
y de atiborrarse de goces prohibidos.
Comunión negra, doctrina torcida de mis padres.
Sólo en el milagro de la vida, Dios asiste al banquete,
y cada cual se sirve el destino en la mesa de las calles.
Se consume lo vivo,
se goza del paisaje y de la carne,
y demonios solícitos y ángeles serviles,
van y vienen aderezando platillos y placeres.
Señorita del misal y de las cuentas del rosario,
creo en la magia de las palabras
que surgen del pecho de mi madre.
Creo en el placer del olfato,
disfruto el sabor, gozo del tacto.
Creo en el miste....
Un coro de ovejas atestigua el desayuno
Amanezco a las ataduras del día,
olores frescos de atole y pan me reclaman,
espadas de oro cortan tajos de durazno en la ventana.
Mi madre bendice la mesa
y un coro de blancas ovejas atestigua el desayuno.
Detrás de la puerta está el mundo, charcas, niñas,
papalotes, baldíos y lagartijas mudas.
Un regocijo adelanta mi mano y me traiciona,
desde su nicho, mi madre con una mirada me fulmina.
Desciende el espíritu implacable
que todo lo juzga y por el que vivo.
En el umbral de la habi...
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Promesas de vida futura
En mi prisión de fe me miro cautivo,
el mundo afuera de mí pregona colores y trina,
Mi patio de esclavo y las calles de barro
se vuelven parajes ajenos.
El peso de las palabras divinas, espada de fuego,
gravita sobre mi entendimiento de niño.
Ejércitos de admoniciones aplastan mi alegría,
reconvenciones justas desgarran mi piel y aniquilan mis deseos.
Vuelven lenta mi sangre,
y me entregan, de rodillas, promesas de vida futura.
Muero ahora infeliz para vivir alegre muerto y purificado.
Mi mirada si...
Los preceptos que nos avasallan
La cara de los niños es incierta,
pinceladas de polvo borronean nuestros ojos,
un parpadeo, el tiempo,
nos devuelve a la prisión de la doctrina.
La mano de una mujer agrega barrotes o ladrillos
a los preceptos que nos avasallan.
Ella pregunta en dónde vive Dios
y miramos todos a diversos lados.
Uno mira la sombra chata del templo,
otro, la superficie de una charca
que en la cara lleva el cielo,
aquél, el aura de las casuchas temblonas,
ése, el llano,
cabalgadura amarilla que le husmea el cabello.
Yo pienso en las corvas de Matilde,
en los frutos del cuerpo que le maduran serenos.
Ningún niño respo...
Nosotros somos todo su misterio
Amanecemos otra vez al día,
vamos juntos por el llano sin agua,
semillas de árboles negros
que caminan y germinan.
Raíces de carne somos, mundo,
pájaros de aire que se posan en tus frondas en ruinas.
Habitamos un llano limitado,
el verdadero universo comienza en la frontera de los ojos cerrados.
En cada aliento, corazone...
Me quiere espíritu y soy de carne
Quiero acercarme a Dios y me rehúye,
doy un paso hacia él
y la distancia se mantiene.
Me da el puñal para cortar mi mano,
las garras para cegarme,
la piedad para arrancarme la lengua.
Me quiere lapida...
Mucha tierra me cae sobre los ojos
He visto pasar la muerte ante mis ojos.
Hincado dentro de mí,
pretendo alejarla con sacrificios y oraciones.
Buen Jesús, Cristo,
hoy he visto a un hombre vencido en su féretro,
su muerte me ha tocado y perturba mi sueño y mi aliento.
Pienso en mis padres, Dios, Virgen,
y una música triste estremece mis huesos y dientes.
Llévame a mí, Dios, o llévanos juntos, muerte.
He visto pasar el...
Dios de corderos, no te veo en el umbral de las casas
Veo a Dios hurgando en Caín el destino de Abel,
lo veo incendiando la zarza;
escucho a Dios pedir de nuevo la sangre de Isaac,
descubro a Noé construyendo su arca.
Dios de corderos, no te veo en el umbral de las casas,
tu espíritu no aletea sobre las charcas.
A dónde diablos se marchó Dios con Moisés,
qué corazón duro lo mantiene ajeno al dolor de los hombres.
Aquí florece en la piel el jiote,
renace la peste en el ojo,
llueve miseria en las calles
y ningún Dios se apiada de nosotros.
Queda Jesús, hijo de D...
Si desfallezco, él se hunde
Creo en Dios de la misma manera que en mí mismo,
si desfallezco, él se hunde.
Vamos los dos, tirano y cordero,
yo soy sus ojos,
su carcelero y sus manos.
Pero hay un instante de oro único en mi alma,
en el que si él resplandece, resplandezco.
Sólo ocurre, nadie lo enciende.
Lo oscuro se inv....
Carne condenada me veo
Un Dios que asuela la tierra me da el Paraíso,
a condición de que yo ya esté muerto.
Me pide que viva muerto mientras estoy vivo.
Que someta lo vivo, para gozar de lo muerto.
Pero yo soy lo humano, soy el azar,
si yerro, camino, si avanzo, acierto.
Mi condición voluble incluye paraíso e infierno.
Carne condenada me veo,
no hay salvación posible en lo muerto.
Qué quieres, D...
Señor, bautízame en la fe de los ciegos
Señor, purifica mi alma en la charca.
Multiplica los peces,
murmura en mi oído palabras limpias de lodo.
Corona mi cuerpo con nubes,
muestra el misterio que reside en el fondo del agua.
Quiero ser libre del mundo y encontrarme otra vez puro.
Lléname la boca de libélulas,
y suéltame cordero pastando en el llano.
Señor, bautízame en la fe de los ciegos,
concédeme olvidar cuanto ayer fui
y déjame m...
Cuentas de un rosario de agua
Mi madre dormita en su silla,
en sus manos pasan, estrellas o corderos,
las lentas cuentas de un rosario de agua.
Escucho su siseo fluido,
polvo piadoso para abrigar de caridad
las desgracias de muertos y vivos.
Pasan Padres Nuestros, se detienen Avemarías,
El Credo edifica portentos
y sostiene el mundo en que me muero.
En el fondo de la habitación la llama de la vela parpadea,
si hay una Santísim...
Rito solemne de pan y misterio
Resuena el silencio en el templo,
exalta las almas y calla los cuerpos.
Con el pecho sellado,
el corazón se aposenta en los labios.
Todo pesa bajo la bóveda silente,
el espacio se impone,
la piel que nos guarda es más pequeña
que la voz que habita la sangre de esta magia que entre todos hacemos.
De común acuerdo,
callamos bajo este techo de ruinas,
rito solemne de pan y misterio.
Buscamos a Dios en el altar
y resuena dentro de la piel,
en el eco de cada uno de nuestros pasos.
Sólo queda el alma indecible,
el vacío colmado de fe y el recuerdo del mundo.
Somos estatuas y la luz nos corre por la cara,
cada uno, a so...
Un pez o cordero sin alas
Abrevo en la pila del agua bendita,
sin barcas ni almas que boguen, su cuerpo reposa.
Puerta del nuevo mundo,
milagro que transmuta el estigma del recién nacido.
Su forma de cuna me abstrae
y tira de mis ojos hasta su borde de cemento.
Me miro en la quietud de su lecho
y en su fondo de piedra transparente me encuentro.
Me olvida la piel, vuelve mis rasgos de agua,
puedo ser pez o co...
Seres remendados convergemos en el templo
Convergemos en el templo,
cada uno con el Dios que le acompaña.
Unos llevan la cruz a cuestas,
otros, ruines, son su carga y único peso de sí mismos.
Cada uno con su fe y el corazón encendido,
todos, luz y oscuridad del prójimo que los condena.
Silencian su voz y festejan el fulgor
de su alma tallada en el dolor humano.
Es verdad, han llorado, han descreído,
han sido santos en un segundo
y diablos desfigurados durante días.
Cada uno de estos ser...
Papalote, ángel del cielo
Un pueblo de papalotes caracolea en el cielo.
Relinchan, piafan, corceles divinos,
duermen, mecen la tarde en su jardín de estrellas.
Papalote, ángel del cielo, tú que estás cerca de Dios,
pídele que bendiga las casuchas y su aura negra y querida.
Dile que contemple el corazón de las zanjas,
los trazos del cuerpo magro de las fachadas,
las rutas de sus venas,
que desembocan en el templo de nuestra sangre que nos condena.
Sube, caballito de papel o de hule,
sube, aunque tu piel se enfríe,
y me quede yo sin alien...
Maldigo los días, mil veces te niego
En la paz de mi cuerpo siembro la tierra
y en días felices la acreciento.
Batallo en el surco, señor, roturo mis calles,
y contemplo en la espiga tu verbo.
Duermo la estación del dolor en graneros de lodo,
veo a la mujer derribar a los cuervos.
Me alimento de trigo y cebada al parejo del cerdo.
A qué juegas, Dios, con mi corazón enfermo.
Señor, Dios, someto mis ojos, ato mis manos,
pero mi sangre salta los muros y derriba mi siembra.
Entonces soy el o...
Bautiza mi pan con tu sangre
Buen Jesús, elevado a Dios cristiano,
dame en el cuerpo tu pan y tu sangre.
Vamos los dos por el llano,
tú de pan y yo en carne.
Jesús, agua viva, derrama el perdón sobre mí
y bautiza mi pan con tu sangre.
Expulsa al censor que hay en mí
y limpia mi cuerpo de pecados de pan y de carne.
Jesús que cami...
Me diste la boca, pero los verbos son míos
Para qué me diste, Dios, entendimiento,
si su elección más plena es destronarte.
Una cosa sospecho:
sólo hay Dios donde la inteligencia se encarna.
Me diste la boca, pero los verbos son míos.
Me diste las manos, yo busco contrarios.
Me diste corazón, alma e inteligencia
y en esa trinidad medras y te disuelves.
Para qué me diste, Dios, inteligencia
y un corazón, aposento del diablo,
si su íntimo deseo es combatirte
y regresar a ti pleno de nuevo.
Te pienso y te creo; te d...
Soy un blanco cordero
Soy un blanco cordero,
pasto en las calles y aquieto mi sangre en el juego.
Algo dentro de mí se ha vuelto ligero,
la luz me sale al paso más viva
y estalla mi risa en el umbral de madera.
Mujeres ventrudas deambulan con el rostro quebrado,
criaturas de piloncillo mordisquean sus costuras.
Descalzas de amor, atienden a los hijos del cuerpo,
cocinan sin pan en ollas de sangre.
Soy el corder...
A merced de mí mismo
Me cerca la noche, mujer de pies ungidos con petróleo,
me aísla en la habitación para que me contemple yo solo.
Un río de sangre mi cuerpo, árbol del primer día,
sus frutos rojos me desbordan,
en el centro de mí, madura mi semilla.
En silencio rezo una letanía baldía,
bien sé que mis oraciones no valen una gota de saliva.
La noche, mariposa negra,
revolotea y se posa junto a la llama de la vela.
Me quedo a merced de mí mismo, sin Dios y sin abrigo.
Reino de sombras donde solo navego por el rio,
placer del cuerpo que se reconoce a solas.
Dirijo mi propia embarca...
Tres veces interrogo a Jesús
Pregunto a Jesús: ¿tú eres Dios?
y lo miro sin cruz abrazando a todos los hombres.
Pregunto otra vez: ¿eres rey?
y lo veo salir del sepulcro
y andar entre calles, consolando a infelices del alma.
Pregunto una vez más si reina en la carne
y lo escucho decir
que el corazón es el reino del hombre.
Tres veces interrogo a Je...
Los preceptos de Dios no son de este mundo
Dime, Dios, imperas sobre la tierra con qué leyes.
A qué astros corresponden nuestros dolores,
a qué normas divinas sirven los placeres.
Para estar en consonancia con tus mandatos,
el corazón bien debe ser celestial,
pues según tus fieles se rige con reglas lejanas a la tierra.
Si los preceptos de Dios no son de este mundo,
y vienen y descienden del cielo,
hombres astrosos, alegrémonos y preparemos las alas.
Nuestra carne, polvo de estrellas,
obedece al polvo de estr...
A veces soy uno con el rebaño
Me aparto del rebaño, señor, y busco otros prados.
Hierbas hermanas me llenan la boca de jugos,
no son tu pan y tu avena,
pero también nacen del favor de tus manos.
En pastos amargos rubrico mis contradicciones.
¿Soy de los tuyos o soy tu contrario?
A veces soy uno con el rebaño,
y luego, al parecer sin razón, me vuelvo enemigo.
Perdido en el llano, mi madre me busca,
pero no quiero verla, en ella sospecho tu mano.
Pasto hierbas amargas, no soy pastor ni oveja,
el sacrificio me pare...
Jesús encarnado en madera
Levantamos al Cristo en silencio,
es un Jesús encarnado en madera de olivo.
Lo llevamos al sol
y lo paseamos en patios y calles,
para que derrame su bondad
sobre los animales de tierra.
Los pollos callaron,
las libélulas se suspendieron,
pero el perro movió el rabo.
No digo nada,
pero a Jesús en ningún momento lo siento alegre,
y en todas las est...
Un día cualquiera el fuego lloverá del cielo
Mi madre me amenaza con sus ojos de hierro
y sus labios escupen lenguas de fuego.
Obedecerla tarde es mi pecado,
pero basta para que ella invoque frases
que me convierten en esclavo, y bazofias de perro.
Palabras de hiel recorren su garganta
y se clavan en mi corazón como alfileres.
De todos los males que hago, Dios es su testigo y mi verdugo.
Me lanza una letanía de desobediencias y descuidos.
Me defiendo con balbuceos,
con los ojos bajos invoco a Jesús, a mi padre y a mis tíos.
Ellos están lejos,
y nadie se interpone entre la furia de mi madre
y mi camino descarriado.
Erguida en su divinidad, mi madre levanta su mano
y borra una lágrima que dej...
Un chamán con su harem de gallinas
En mis manos tengo el trigo
y les arrojo un puñado a las gallinas y palomas.
En segundos desaparecen los granos,
las aves levantan sus cabezas estúpidas
y miran mis manos.
Como si trazara el perfil de un perro,
muevo la mano vacía,
y las gallinas corren esclavas o hipnotizadas.
Picotean aire, piedras, o quizá mis pecados.
Las aves me miran como yo podría mirar a un mago.
Se acercan a mis pies como a un altar
y se acurrucan sobre mis agujetas y el borde de mis pantalones.
Mi madre descorre una cortina y me mira inmóvil,
como a un chamán con su harem de gallinas.
Mis manos se mueven imprecisas
y riegan el trigo como si derramaran oro.
Dios que me está mirando,
sabe que alimento a las gallinas y palomas,
aprieto los ojos, me fal...
Crucificado mi entendimiento
Un clavo en mi mano,
otro en la lengua,
y uno más grande en mis ojos blasfemos.
Crucificado mi entendimiento,
soy incapaz de combatir el fuego
que incendia mi sexo y enerva mis manos.
Sentado como perro a un lado del perro,
imagino que brotan mariposas
de los vientres de las mujeres.
Ángel de mi guarda, dónde estás arrinconado.
Buen Jesús, dame a beber agua de la comunión,
y apagaré esta sed que me brota del diablo.
Dios mío, una niñ...
Un rayo rojo me atraviesa la cara
Bendito entre las mujeres,
como animal desbocado, festejo en la calle.
Las miro de barro, lustrados sus hombros y cuellos,
y siento que un demonio hierve entre mis pantalones.
Sospecho que ellas lo saben, ponen caras de querubines,
y azuzan mi diablo para que las persiga y las arrincone.
Me pinchan, me tocan, me hacen cosquillas.
Corren de mazapán en las zanjas con sus pies como pececillos,
se alisan el pelo, su falda se alza y me pierdo en el lodo.
Todas huelen a geranios o rosales
y en sus ojos anidan demonios disfrazados de libélulas.
En mi cuerpo, mi voluntad se vuelve de trapo
y enseguida tengo vergüenza,
mis dos manos cubren mi vientre,
y un rayo rojo me atraviesa la cara.
Las niñas se ríen y sus risas son paletadas de tierra
sobre mi entendimiento de niño.
Me retiro del juego con el diablo jadeante y enfurruñado.
En tu doctrina, buen Jesús, debería haber algo dulce,
tan dulce como las mano...
Niño Jesús, pastor de niños
Niño Jesús, rey de los reyes,
hoy hay fiesta en tu nombre en el muladar que habitamos.
Los niños vamos de gala, sometido el pecado,
en nuestros ojos relumbran chispas de animales sublimes.
En muchas casuchas apenas hay pan, se respira miseria,
pero en todas desborda la devoción y el martirio.
Somos establo, caballos, la paja y los reyes,
y caemos postrados en el espíritu de la luz que arde en el pesebre.
Tu gracia descansa en un paño de seda dorado,
has vuelto a nacer entre los seres que marchan al polvo.
Acostado entre dulces y colaciones, sonríes,
y a la luz de las velas tus mejillas parecen de hojaldre.
Abierto de brazos, Niño Jesús, eres pastor de los niños,
y yo, por una noche, obedezco a mi madre,
y me prometo someter al demonio que en mí arde.
Reverente me acerco a mirarte en tu cuna miserable
y encuentro en tu gesto bondad,
y en tu doctrina una verdad que me enciende.
Canto con las mujeres y alumbro con mi vela tu rostro,
y derramo la cera en esta tierra de sal que se come a los hombres.
Beso tu cara de yeso, estiro la mano,
y en mis dedos cruje el celofán de dos dulces,
que irán a parar a la boca de una niña con hambre.
Uno a uno, los niños permanecemos de cera junto a tu cuna
y me parece que en las campanadas del templo
desciende a la Tierra, como palom...
Una misa oscura me congela
De la nube de polvo desciende una niña de barro
y sus ojos me llevan de golpe hasta el lodo.
Hundimos los pies en la zanja
y comemos migas y trozos de dulces oscuros.
Dormida la calle, Dios se ha marchado,
nadie nos mira.
La niña se acomoda un listón rojo en el pelo,
como para sostener la tarde y que nunca termine.
Sus ojos son mis ojos
y el sol que descubro en ellos aniquila mis preceptos morales.
Como un gato que busca caricias o sombra,
su mano roza mi mano,
y en ese instante mi alien...
Mi cuerpo es una cárcel perfecta
Una cárcel de oraciones me tiene baldío,
no salto, no rompo, no rio,
no vivo.
Padre, Dios, por qué me has abandonado.
Gallo maldito,
canta tres veces antes de que amanezca,
para no pecar de nuevo.
Dios, Jesús, mudo, ciego,
oscuro estoy,
pero por d...
El mundo era puro
El cielo me espanta,
los ángeles que lo habitan me dan miedo.
Camino las calles en sombra,
la voz de mi madre en las charcas resuena.
Su mirada de fuego dentro de mí,
inutiliza mis manos.
Me rindo de plomo en ...
En los golpes adivino justicia
Llueven los palos sobre mi espalda,
mi pecado fue avasallar a mi hermano con ligas y grapas,
junto a la llave del lavadero.
Mi cuerpo relincha de miedo,
mi alma, que durante el ataque a mi hermano fue hierro,
en estos instantes es paja maldita.
Aunque los golpes tienen un sabor salvaje,
adivino justicia y finjo tristeza.
No quiero que mi cuerpo se acostumbre al castigo.
El tormento es breve y me derrumba de bruces.
Desde un lugar al que yo aún no llego,
mi madre somete al demon....
Sangre inocente bautiza mis manos
Le entrego el pollo a mi padre
y arranca la cabeza animal con un tajo de mago.
Vuelan las plumas, copos de nieve en el llano.
La sangre inocente bautiza mis manos,
que unas veces son recias y en otras desmayan.
Parecemos dos hechiceros siniestros
a los que la luz se les termina
y les nace lo oscuro.
Dos cristos escup...
***
Sobre el autor
Juan Norberto Lerma
Escritor
Nací en el Distrito Federal y la vida me enseñó muy pronto que la que me correspondía estaba en otra parte.
Mi infancia se desarrolló entre tolvaneras memorables y guerras de lodo. Crecí entre el descampado y para mi fortuna mi libertad nunca fue absoluta.
Fui a la escuela como todos y la sufrí como muchos, con un sentimiento de culpa que aún me persigue.
La escuela primaria a la que asistí eran tres o cinco salones rodeados de fango, con micas verdes en lugar de vidrios. El patio comenzaba en el umbral del salón y terminaba en las increíbles faldas de las cadenas de montes negros que rodean a la ciudad.
Acepté con indiferencia los sucesivos años de instrucción escolar y a su debido tiempo los libros vinieron a mí. Me encontraron envuelto en batallas desiguales y me descubrieron el sentido que buscaba para mi vida. Hubo páginas consoladoras y las más, reveladoras. Desde entonces, la vida nunca ha sido más la misma.
He colaborado en distintas publicaciones periodísticas y culturales.
En un año indeterminado gané el primer lugar de cuento en un concurso convocado por la Universidad Nacional Autónoma de México.
El Departamento de Actividades Culturales de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza editó una plaquette con algunos textos de mi autoría.
Soy autor de los libros Las Mariposas Cantan de Noche (cuentos); La Bestía Entre Los Días (cuentos); Perro Amor (cuentos); Muerte en Estado Natural (cuentos); Delirium (poesía) El Imperio del Polvo (poesía); Cristo Pastro, Madre de Hierro.
En estas librerías puedes comprar el libro en formato digital o en papel:
📕 https://books.apple.com/us/book/cristo-pastor-madre-de-hierro/id6751596399
https://www.barnesandnoble.com/w/cristo-pastor-madre-de-hierro-juan-norberto-lerma/1148121089;jsessionid=D63D293D09E8553F9051E7B403C3F536.prodny_store02-atgap17?ean=2940182086165
https://es.everand.com/book/907170538/Cristo-Pastor-Madre-de-Hierro
https://fable.co/book/x-9798231743117
https://www.kobo.com/mx/es/ebook/cristo-pastor-madre-de-hierro?sId=6479f8a9-9614-445b-97da-cec18677a003
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