El Imperio del Polvo, Juan Norberto Lerma


















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 Ciudad de México

 Enero 2017



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Índice

Prólogo
Grano a grano, una pantalla de polvo
Ceremonia de llegada, libertad te llamas
Mil clavos y una soga larga y amarilla
Algo más grande nos contiene desde fuera
El misterio de su pan oscuro
La pelota, objeto sagrado de una guerra
El filo de la calle
El barro crepita bajo el peso de una hormiga
Festín de ángeles impuros
Árbol sobre tierra yerta
Lluvia de salitre sobre la calle
Mi madre tiene entre las manos una gallina
Pasan las nubes con su carga de espuma
Canto de grillo que brota de las piedras
Corren tras de mí un par de palomas
Una mano de polvo nos modela
Suena la música entre los cuerpos desvaídos
Más cierto en la piedra
El patio, centro del mundo
Una criatura dada a luz sobre una mesa de cocina
Nuestras almas pertenecen a lo oscuro
Criatura arrancada del sueño de un hechicero
Cortejo junto a una barda
Un ejército de gotas bautiza el atrio de la calle
El llano revela nuestros muertos emplumados
Odalisca de lodo, el mundo se incendia
Pájaros lánguidos habitan el santuario
Marionetas del aire entre los lavaderos
Canta el agua en su trono de rocas
Una vaca echada en una zanja
Castillos polvosos reinan en el llano
Bombilla ventruda, cuerpo amarillo de muchacha
La aventura del agua
El aliento amargo de los pizarrones
Soy un perro manso que tropieza en el barro
Clepsidra de polvo
Carbones sembrados en las aceras somos
Los perros siguen tu rastro de moronas
Del espíritu del polvo brota el agua
Una estela de nombres de polvo que seremos
Nubes de jabón me vuelven un cordero











El Imperio del Polvo

Juan Norberto Lerma


Prólogo

 

El Imperio del Polvo contiene un puñado de textos en los que recreo la ciudad en la que viví durante mis primeros años. Es posible que, como ejemplo urbanístico, la ciudad no valga nada y que se convirtiera en un enfado que produjo más problemas sociales que los que resolvió. Lo que es seguro, es que la ciudad en la que viví y de la que hablo en mis textos son dos entidades distintas y hasta enemigas. Una es la ciudad real, la miserable, peligrosa, áspera, desértica, desolada, y repleta de podredumbre material y humana, y la otra es una recreación literaria, mágica, sufriente, paradisiaca, reconfortante y profundamente humana, la cual describe un hombre, si es que esto es posible, a través de los ojos de un niño, del niño que fue y que en algún lugar no muy distante se mantiene vivo.

En realidad, la ciudad en la que viví vale para mí como recuerdo de la felicidad, la libertad, el juego de las emociones y las primeras pasiones. Fui feliz creciendo en esos llanos y zanjones, en los que mi territorio comenzaba en la puerta de mi cuarto de tabique desnudo y terminaba hasta donde me durara la energía que empleaba durante mis excursiones.

En mi mente se quedó impresa para siempre una visión ideal de las calles que recorrí, de las personas que traté y de los momentos deslumbrantes que viví. La conjunción de infancia y libertad es el material con el que se construyó mi paraíso personal, el que cargo en mí como si se tratara de un tesoro al alcance de mi mano y al que acudo constantemente para extraer fragmentos que aminoren la aspereza y la rigidez de mi visión de hombre maduro.

Es posible que los paisajes que aparecen en estas páginas sean desoladores para los adultos, pero un niño encontraría la forma de ser feliz hasta en una cueva.

La ciudad real en la que viví continúa desarrollándose, envejeciéndose, afeándose, diluyéndose. En cambio, la ciudad que yo veo en mi interior cada vez contiene mayores artificios mágicos y comportamientos humanos que me revelan los distintos matices de la condición humana.

Dije que este libro contiene un puñado de textos que hablan de la ciudad en la que viví, y la utilización de la palabra no es azarosa, sino exacta. Cada texto representa un puñado de polvo de letras lanzado al viento. Desde luego, al principio los granos de polvo me cegaron, sin embargo, en el instante único e irrepetible en el que revolotearon sobre mi rostro me revelaron visiones nuevas que me llevaron de vuelta a los momentos de felicidad que viví cuando fui niño, y plasmé las escenas de la manera más exacta posible.

 

Juan Norberto Lerma

México, enero de 2017







El polvo que me nombra


Polvo chocolate,

alfombra voladora trenzada al sol con átomos vitales,

cúpula que destella sobre lo que soy,

aquí me tienes.

En el polvo crezco,

ciudad interior de lodo sin pájaros ni flores.

Nave parda erizada de casuchas,

no vas a ningún lado,

animal inmóvil,

sueñas y todo me revelas.

De tus venas brotan monolitos que respiran

y de inmediato me inoculan la nostalgia que su piel exhala.

Aves de plástico y cielos de algodón tejen sobre mi cabeza

tormentas de felicidad y polvo de libélulas,

pero en los labios de las zanjas se respiran el dolor y la miseria.

El milagro del aliento que todo lo sostiene levanta faldas de mujeres,

postales de niños de luz arrinconan al ángel triste de mis oraciones.

Los perros, borroneados, hurgan en los vertederos de las cocinas,

los aleros de lámina prieta pretenden alzar el vuelo,

se estremecen y en silencio quedan.

He llegado al polvo,

un potro negro me arrancó de los barrotes de mi cuna.

He nacido otra vez,

esta vez más cierto entre los granos del polvo que me nombran.

Patria de atole y polvo donde crezco,

me alargo como hebra de agua,

floto,

recuesto mis pocos años sobre tu seno,

mar baldío de granos,

florezco en esta tierra de agonía.


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Gigante sobre el lodo


Cuatro estacas delimitan el proyecto

que vive en la cabeza de mi padre.

Lo que aún no es,

será en la tierra de otro modo.

La casa de paredes transparentes,

en la sien de mi padre emprende el vuelo:

pasto inglés tapiza las baldosas de cristal de grano,

un balcón napoleónico de aire extiende su mejilla

hasta la barda de un tendejón

donde las esperanzas mueren solas.

Mi padre,

gigante con cabeza de nube,

su cuerpo es una de las montañas

que circunda el valle.

Reflexiona,

sus manos son dos columnas

de una casa que huye,

su mirada discurre,

su mente edifica,

su aliento derrama polvo,

sus piernas grandes se hunden en el lodo.


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Polvo he sido


El polvo es mío,

soy yo,

es lo que soy y no sabía.

Palpándolo me palpo,

teniéndolo en las manos me tengo de otro modo.

Ríspido, líquido,

corriendo entre mis dedos a espaldas de mi padre todo el día.

Terreno mágico que dibuja alfabetos,

lenguaje que me habla,

entra por la piel de los ojos

y revela su significado en un lugar que no es la carne.

Polvo he sido,

vivía en una caja dormida en un costado de mi madre.

Ahora he venido a este llano yerto y me reconozco.

Soy el terrón y la zanja, el polvo y el lodo,

soy el desierto, la piel cuarteada,

la suma de esta tierra que me se vuelve polvo.


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En mis huellas me leo


Letras de polvo escribe la lengua del viento entre las calles,

mano de un dios que amasa puñados de barro y los modela.

El viento balbucea casuchas de rostro decaído,

ventanas de ojos rotos,

muros de madera que abren a la vista sus heridas.

El azar de su inconsciencia arrebuja terrones,

esboza niñas,

flores prietas de trenza con el labio adelantado.

A la geometría del trazo nada le es ajeno,

invoca el corazón emboscado en la piquera,

inflama vientres,

tira puñaladas,

salpica de sal preciosa la piel de las mujeres.

Todo el valle es mío, estaba en mí,

espejo dormido, por fin en ti me miro.

En algún lugar de mí se rompe el cordón umbilical,

papalote azul,

pájaro plástico, devuélveme a la tierra.

De la mano del viento voy,

cubierto de polvo describo lo que me habita y,

en las huellas que dejo de mí,

también me leo sobre la tierra.





Grano a grano, una pantalla de polvo


El polvo alegre no sabe de miserias,
ingenuo, cae sobre las ollas.
En las pantallas de polvo se revela cuanto he sido,
en la zanja, domesticó bichos rojos y proyecto mi futuro.
La arruga de tierra me dice algo, balbucea un rodar de granos.
Un pincel naranja barre la tierra,
una puntuación de piedras armoniza las calles por donde camino.
Muchachas morenas de cabellos....

 


Un atrio que se vuelve piedra


El viento acecha detrás del tendejón que alberga los milagros,
palomas de domingo elevan ramos rudos en un atrio que se vuelve piedra.
Almas baldías sintonizan sus deseos en una nave de madera,
cesa la saña un minuto, la ira se pospone.
Entre las bancas estalla un polluelo de luz amarilla,
corre entre los pies de los pequeños.
Su plumaje luminoso roza mi pozo oscuro,
el viento toca con sus dientes la ventana,
mi madre hincada me sostiene.
El espíritu se topa en la carne de madera, sube a gotas,
bichos de plata trepan por esa es...




Burbujas hierven en el agua


Mi madre es mi casa,
huele a cal y a lámina recién comprada.
Cuando llueve en sus ojos,
mi alma se derrama.
Tiene mil habitaciones
y todas dan a un llano erizado de casuchas sobre tierra.
Está sentada entre los surcos,
sus cimientos huelen ..




Ceremonia de llegada, libertad te llamas


La tierra que me recibe es una alfombra de pelo fino,

su cuerpo sinuoso tiene cavidades y montañas.

Si caigo, me recibe igual que a un niño de porcelana.

Todo lo que miro es mío,

nombro personas, animales y cosas.

Bautizo la tierra que me circunda,

ceremonia de llegada, libertad te llamas.

Tierra blanca de día, mujer de salitre,

tu paisaje de harina curva mi boca, colma mis ojos.

El mazapán del suelo amortigua, y entiende,

el lenguaje que balbucean mis pasos que caminan.


 
  

Caballo del cielo


El papalote relincha entre las nubes,

caballo del cielo, resiste el tirón de mi hilo.

Quiere ser libre, pero en su libertad se pierde.

Mi mano lacerada lo sostiene, el caballo se encrespa y gime.

Pasta en el viento, mordisquea la nube.

Vientos del este sacuden su cola,

polvos malvados me ciegan.

Potro de hule, no te rindes,

te alimento con kilómetros de hilo.

Ondea su crin y saluda la tierra.

Dime que miras des...





  
El viento desparrama mi nombre


Entierro a mi hermano con toneladas de tierra amarilla,
llora muy quedo lágrimas de lodo.
Mi mano barre su cuerpo y lo consuela,
él no pertenece a esta tierra,
lo suyo es vivir en lo oscuro
y años después vivirá agazapado en las fachadas.
En alguna edad sus pasos asolarán las aceras
y navegará por surcos y derrumbará aleros.
Devolvemos a la tumba lo que a la tierra le debemos.
Levantamos la piel de la casa a puñados,
reímos y nuestra risa horada la barda de piedra y chapulines.
Corremos salvajes y roda...





Mil clavos y una soga larga y amarilla


Un madero, dos maderos, tres maderos,

mil clavos y una soga larga y amarilla.

En un día feliz, mi padre hizo manar agua de la tierra,

otro, dio vida a un conejo de trapo colorado.

Señor del encantamiento,

conoce los ademanes adecuados para someter al viento

y mantener a los niños a raya.

En sus manos diestras aparecen herramientas

que alteran la geometría de la llanura.

Mi mano es un serrucho, su voz ronca debilita la madera.

De lejos, nuestra obra es la boca de una horca o una portería,

entrada o portal de mundos que aún no se me revelan.

En un tris, mi padre ha construido un columpio que levita sobre el llano,

y sus vaivenes marcan las horas en el cielo.

Decenas de niños polvosos hacen fila,

sus manos sudan, sus bocas se aceleran.

La tarde teñida de hechicera se aproxima,

un último ademán de mi padre les infunde vida a la soga y la madera.

Uno a uno, los niños vuelven otros de orillas desconocidas.

El mundo cabe en una burb...


 
  

Luna de pie sobre la tierra


Rostro de pambazo,
luna de pie sobre la tierra me sonríe.
Cubeta en mano avanza,
sus huellas en el polvo me someten y me guían.
Una pelota anaranjada rueda fuera del mundo
que nosotros no somos.
Hombres pétreos escoltan las casuchas
que se levantan el vestido de cartón reblandecido.
Perros lentos buscan ...




  
Bajo la bóveda que nos ignora


Mis ojos son dos zanjas,
profundidad turbia desde donde todo vivo.
Paisaje al fuego que baila detenido sobre pies cuadrados,
sombras de aboneros
y vendedores de colchas se fijan en los umbrales.
Mis manos son postes con dedos de alambre cuajados de colguijes,
noticias de un mundo que se comunica con cartones.
Se vocifera en letras, se pública el esfuerzo y la miseria.
En mis ojos de zanja caben la tierra que ..


  

Algo más grande nos contiene desde fuera


La noche irrumpe en la habitación de madera,
ala de ave que empolla canciones y pocillos con atole.
Arden dos velas, dardos de luz saltan de las pupilas.
El polvo se pasea en el patio encantado,
a solas, ejecuta su danza redonda y evapora la tierra.
Estamos en cama, el jarro caliente nos arde la cara.
Crepitan las lanzas naranjas de cera al compás
de un aliento que no es nuestro respiro:
algo más grande nos contiene desde fuera.
Mi madre y su sombra de hierro se vuelven de humo.
La noche nos arropa con sus manos heladas,
la pequeña muerte azota la aldaba.
Conforme el atole se evapora, el ca..



  

El misterio de su pan oscuro


La zanja aún tiene barro,
piel fría, húmeda de jugo que gotea.
Mis pies blancos baten la masa de un horno de tierra.
El lodo se amolda al capricho de mis dedos,
acaricia con sus labios negros mis plantas hinchadas.
Burbujas de placer me suben por las rodillas,
trepan por mi vientre y estallan.
Aromas de regiones íntimas suben del barro,
piel de mujeres molidas traban mis labios apretados.
El sol de mi vientre destella,
se abren las cortinas de las ca..




La pelota, objeto sagrado de una guerra


Voy detrás de la pelota,
pez hijo del agua que comulga el dentro y el afuera.
Le habló con los pies en un idioma que nos sublima
y vagamos codo a codo en la corteza de la tierra.
Si aceleró el paso, se vuelve vertiginosa,
si me detengo, lo deplora.
Se ofrece y se escurre, fruto de la técnica,
ecuación de pies y corazón que no persigue un resultado.
Polos en equilibrio, estallido de la luz, grito sin respiro,
libertad y goce pleno de mi sangre.
Tribus enemigas se desafían en el llano,
somos uno y enfrentamos a la turba.
La presa redonda rueda,
cáliz que enciende en lo hondo de la caverna el fuego.
Vuela el polvo, los hombros se vuelven alas,
las manos, garras.
Gritos enérgicos invocan el espíritu de dioses terrestres,
la pelota es el objeto sagrado de u...


  

El filo de la calle


Catedrales de harapos brotan en el filo de la calle.
A través de vitrales de plástico, se observan las cocinas.
Manteles de polvo duermen en las mesas,
mujeres oscuras agitan agua bendita en cacerolas.
El pan de sal ofrece su palidez al vuelo frenético de las moscas.
En el altar de la cama, niños de pecho comulgan con las hormigas.
Cortinas borrosas ejecutan una danza pobre,
oponen sus alas raquíticas al polvo....

 

  

El barro crepita bajo el peso de una hormiga


Surcos espartanos aparecen en la calle lavada,
la piel de la tierra en un buñuelo requemado.
El sol riega con melaza la mañana,
los chanclos entonan en el barro su canción de ranas. 
En los surcos corren hilos de agua,
en la nata gris semillas ocasionales naufragan.
La cara del llano amanece cargada de cráteres pequeños
ha perdido dientes y el agua nocturna le llevo las cejas en el sueño.
La calle blanca se mira vieja en la sombra
y demasiado joven en los baldíos.
Surcos en la frente reflexiva de la calle la enaltecen,
parece una mujer vieja con el salitre retratado en los cabellos.
El polvo permanece vivo debajo de la costra de fritura,
agazapado y negro espía el paso de las horas.
Jirones de cortinas balbucean en las aceras,
alas de aves torpes entumidas sobre su única pata unida a tierra.
La boca de la tierra barbota notas fangosas,
barcos de papel trasportan oro de cartón y frutos del cielo.
Remolinos de vapor vuelven las fachadas imprecisas,
los surcos se cierran de sol, el barro crepita bajo el peso de una hormiga.
La faz de la tierra recobra su piel ......



Festín de ángeles impuros


Altas aves negras planean entre las nubes,
emisarios de la muerte recorren pentagramas de humo.
Su ojo agudo valora la salud de la sangre derramada en tierra.
Danzantes oscuros, oficiantes de lodo,
descienden de regiones elevadas
y ensimismados contemplan murallas de madera.
Dioses de roca, empollan el polvo entre sus alas,
sus picos ganchudos esculpen mausoleos de plumas,
pacientes fisgan lo que nosotros no veremos.
Reyes enanos de la m....





Árbol sobre tierra yerta


Ha nacido un árbol que promete verde en mayo
y libélulas en el verano.
Su tallo es un arco oscuro que cabalga por el aire
y que desciende a la velocidad de lluvia por el llano.
Bebe salitre por las mañanas,
leche amarga que pudre sus venas y lo embriaga.
Sus primeras hojas son catarinas,
humores de vinagre anidan en sus ramas.
Ha nacido un árbol en la tierra yerta,
vino envuelto en el viento
o nació de un rito que celebraron las abuelas.
Su fronda menuda es la cabe...



  

Lluvia de salitre sobre la calle


Viene la tolvanera de sal, trompo que zumba su algarabía.
Despierta los cuerpos de las casuchas con manos de nube,
les lleva las faldas, las hace gemir con su arrojo de toro.
Trazos de músico suben y bajan por las rodillas de las paredes,
sus muslos se encarnan con el festejo del aire que de placer gime.
Pájaros de papel y ángeles de hule giran en el torbellino,
las casas se abren de puertas y reciben puñados de arena.
Llueve cal, el mundo del llano es un costal de harina.
Las casuchas tosen, los aleros imitan aves,
levitan sobre el suelo barrido de mujeres.
La tolvanera cruza la calle y se asienta en un baldío,
bruja vestida de polvo, suelta...



  

Esfinges negras suspenden el tiempo


En la frente de las piedras reinan las lagartijas.
Ellas también de piedra,
de verde, de oro, hipnotizan insectos que levitan.
Su piel rugosa es una grieta en el día,
pastan hormigas casi al acaso.
Dormidas con los ojos abiertos atestiguan las capas de polvo,
sus lomos marchitos destellan diama...

 

  

Mi madre tiene entre las manos una gallina


Sentada en una piedra,
mi madre despluma una gallina.
Ídolo implacable de barro,
sus manos exacerban el temblor de la carne.
El viento multiplica las plumas, enjambre de cuervos,
picotean la puerta blanca en torbellino
y terminan penachos sobre la tierra que arde.
El rostro de mi madre es un tronco tallado,
rígido en la ternura,
sus labios de sangre, dos hojas de cuchillo.
Su piel ensimismada me adormece,
sólo vive para las plumas que entre sus manos crepitan.
Mi madre es un ave morena, tiene las alas del color de la tierra.
Su cuerpo crece y crece y trasciende el patio, el lavadero y las cubetas,
recorre las zanjas, brinca las bardas hasta abarcar el cuerpo del llano.
Su pico amarillo destella,..


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Pasan las nubes con su carga de espuma


Pasan las nubes,
blancas naves con su cargamento de espuma salada.
Vacas repletas de leche,
pasan las nubes sobre este llano.
Se enciman unas con otras,
peldaños de una escalera que termina o comienza en el cielo.
Ovejas bobas se quedan,
ventanas azules por donde unos ojos me miran tendido.
Caracoles lentos se juntan,
casas de luz en el viento revientan.
Crin de caballo al galo...


  

Canto de grillo que brota de las piedras


Un grillo reina en las entrañas de la barda de piedra,
sonaja de silbos que acompaña mis oraciones
en el atrio del lavadero.
Arrullo de selva entre la piedra negra,
estridulación de insecto que hipnotiza la luz de la vela.
Grillo sonámbulo, deseo que no duerme,
polvo de grillo que brota de las piedras,
despliega su encanto en el patio para domar a las hembras.
Danza la llama amarilla en la habitación de paredes desnudas,
deja a su paso un halo de luz y derrama su cera.
La música me lleva de la mano hasta la cama,
hago escala en el atole, mi boca...



Corren tras de mí un par de palomas


Niñas que huelen a madera,
a mi alrededor revuelan.
Sus vestidos de ave trazan arcoíris sobre el llano,
sus cabellos sueltos,
petróleo virgen que lo baña.
Saltan charcas de chocolate,
eluden piedras inmaculadas,
un remolino de polvo y risas en el aire las sostiene.
Escarabajos anidados en sus ojos, de cera sus caderas,
la mariposa trémula palpita y transfigura el pantano.
Se derriten en cada gesto del juego, enarcan las cejas,
se vuelven de pan y enseguida de arena,
estatua me quedó,
cautivo en su reino de humores.
Corren tras de mí entre las casuchas un par de palomas,
el corazón se me escapa, huyo y regreso
y acercó mi llama a ese fuego.
Absorto las dejó toca...




  
Una mano de polvo nos modela


Crecemos en el llano, bocanadas de espacio nos animan,
el salitre corre de plata en nuestras venas.
Aire, tierra, polvo, altozanos, zanjas, bardas, piedras
y colinas determinan nuestros caracteres.
Somos más ciertos en el reino desbocado del aire,
la obediencia de la carne nos resulta ajena.
Nuestros padres son sombras
que batallan a diario en el gallinero y la toma del agua.
La mano del polvo nos modela,
jiotes en los brazos de las bardas, uñas amarillas y baldías,
manchas negras de casuchas en las manos.
Somos polvo en las mañanas, barro de mediodía,
piedras que ruedan sobre las c...

 
  

Suena la música entre los cuerpos desvaídos


En algún patio eclipsado brota música,
chispas de un incendio
que el viento esparce en el torso de las bocacalles. 
Acordes rojos y azules chisporrotean en los baldíos,
resbalan por aleros,
estallan de ceniza sobre umbrales de faldas recogidas.
En la calle hay fiesta, a falta de pájaros,
pedazos de papel caracolean sonámbulos en las aceras.
Notas de brea alborotan las oquedades del terreno,
plumas de ave que extiende sus alas y empolla contoneos.
En las zanjas, insectos exaltados
satisfacen a sus hembras en los humedales.
La tarde se desploma, franjas de cuero requemado ciñen la cintura de la calle,
las fachadas muestran entre las greñas de la cortina su entrada oscura,
la mesa colmada, la urgencia de la cama.
Suspiros de instrumentos musica...



Más cierto en la piedra


Pradera de grano fino, espejo de salitre,
estoy sembrado en ti,
raíz que camina sobre tu vientre de ocote.
Tierra que vuela, enemiga del árbol,
te rebelas seca de flores,
florecen en tus zanjas los niños.
Libertad es la palabra blanca que esculpes en las lomas,
las camisas sueltas son alas, las manos, timones.
Sed blanca, polvo dulce, tierra nublada,
jaula amarga donde los pájaros se vuelven niños.
Muerta para lo verde, vives para mí, soy de tu estirpe,
líquido en el viento, de piedra en el agua.
Siembras puñados de plata en mis huesos,
tengo los ojos llenos de zanjas de ti,
respiro tu cadencia de polvo y eres mi entraña que vibra.
Añades oro a mis sueños, espejo de luz ...






El patio, centro del mundo


Patio de tierra,
fruto negro de un árbol sembrado bocabajo.
Somos tus raíces,
tus insectos y tu alimento.
Tu cuerpo es al mediodía mercado de pollos,
por la noche,
embarcadero del viento.
Bahía de luz y juegos,
potrero de niños, la línea de una frente.
Te extiendes, alfombra de musgo oscuro,
hasta mundos donde el señor es el lodo,
eres el centro del mundo.
A mi tierra arriban caravanas de libélulas,
aran la tierra, embrujan el viento,
alimentan mi ensueño,
depositan sus colores en lo...

 




Una criatura dada a luz sobre una mesa de cocina


Corro y brinco eludiendo manos
y miradas de censura entre las piedras del terreno.
A mi madre se la tragó la tierra
o se la llevó un cortejo de ángeles de polvo al cielo.
No la encuentro al sol ni sentada junto a la estufa de petróleo.
Un aquelarre de tías impide que yo entre a la cocina.
Burbujas mansas suben a mi boca
y estallan en paredes de una celda construida
con tabiques de madera y papel en las ranuras.
Únicamente dicen flop y pop en su lenguaje de esferas.
Una fiesta oscura de pañoletas en los cabellos
y crucifijo al cuello se celebra ju...

 

  

Nuestras almas pertenecen a lo oscuro


Una hoguera arde en la noche, charca de fuego,
estanque de peces de luz
que derivan negros en los cayos del terreno zanjado.
En los litorales del día encendimos una llanta,
aro por el que salta el tigre del tiempo a nuestro modo.
En la penumbra, guerreros anaranjados
trepan las escaleras de piedra por las que andamos.
Las casuchas no duermen,
coloquios en las bardas las desvelan.
Las llamas se enredan en los remolinos de perfumes
en los que arden las mujeres.
Árboles de sombras cobi...




  

Criatura arrancada del sueño de un hechicero


Cachorro de lodo, hocico de leche,
tus orejas felpudas son un par de mazapanes.
Perrito, criatura arrancada del sueño de un hechicero,
cascabel de la casa,
la braza de tu lengua es un corazón bañado de hojaldre.
Todo lo hueles, todo lo lames,
el mundo de tierra entra por tu nariz
y se derrama contento en tu hocico de fiera.
Vas y vienes por las casuchas, .....

 
  

Cortejo junto a una barda


Una muchacha se derrite entre las manos
de un conductor de caravanas,
muñeca de pastel de fruta,
su cintura tiene dieciséis años.
Sus bocas urgen el contacto con lo oscuro,
bajo su vestido relumbran joyas.
El llano de harina es una brújula que los guía
hasta el comienzo de lo permitido.
La barda de piedra es la proa
de una nave cuajada de lenguas amarillas,
ellos, mascarones, efigias antiguas,
caballero de cruzadas y una sirena que titila.
La penumbra los iguala
y los vuelve estatuas temblonas de brea.
Los grillos, ejército de mús...

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Un ejército de gotas bautiza el atrio de la calle


Gotas gruesas caen sobre el mantel del llano,
nubes gordas picotean la harina del terreno.
Un espíritu de polvo se levanta,
predicador de lodo,
paloma gris,
palabra blanca que aletea en labios costrosos de las zanjas.
Un millar de caballos resoplan sobre la herida de la calle,
cabalgan lentos,
sus jinetes de agua descienden en los humedales.
Un ejército de gotas bautiza el atrio de la calle,
soldados líquidos aplacan los furores minerales de la tierra.
Mujer de sal, te humedeces enseguida,
inflamas tus surcos,
despliegas en el aire tus humores.
Lagos de plata reflejan las nubes,
es lo más cerca que estarán del cielo los hombres y sus fachadas.
Una pasta negra discurre p...

 




El llano revela nuestros muertos emplumados


Pasan las barcas sobre las olas de tierra,
surgen de donde nunca se han ido.
El agua verdadera las sostiene fantasmales,
y pasan recordando lo que en su siglo rojo alguna vez fueron.
Barcas de madera insomne sobre un espejo azul vivo,
ataviado de tierra,
el llano revela nuestros muertos emplumados.
Pieles morenas surcan solemnes el lodo,
las horas de barro arrancan girones a sus vestidos.
Avatares de chacal y cabeza de tigre,
embarcaciones de humo contemplan el valle.
Altos señores discurren en chalupas etéreas,
dioses sanguinarios custodian sus mares.
El agua se ha ido,
cruzan el silencio rumbo a sus templos profanados.
Sus ojos de fiebre escudri...




Odalisca de lodo, el mundo se incendia


Una muchacha avanza por la calle,
su cadencia de mar, grano a grano, estremece las paredes.
Exactitud de la belleza, puntualidad del paso,
barro que contiene enteras las filigranas de la carne.
El polvo va detrás de ti, hermosa,
y bajo tu falda el tiempo se suspende.
Tu piel de azafrán es un milagro,
el sol relincha en los tiraderos,
los astros de las zanjas guardan silencio ante el misterio que contienes.
Flor única, oscura,
suspendida en la tierra levitas de luz sobre la acera.
La casucha te recibe, santuario de tu cuerpo,
te recuestas en el sillón destartalado
y, al instante, las flores deslavadas del tap....

 

  

Pájaros lánguidos habitan el santuario


Un ente de cartón oscuro se yergue en la llanura,
ruptura del tedio, oasis de una paz negociada con el lodo.
Todos los caminos yertos
conducen a sus puertas de luz hombres oscuros.
Templo de lámina, nicho de ladrones,
amigos de la pendencia y el vino se citan en tus bancas de madera.
Baldíos ermitaños custodian tu cuerpo inmenso de bestia,
festejan los gritos, la rabia y la pelea.
En las horas de sol la infamia de la torre negra se ve disminuida,
animal de patas cuadradas, bestia bufa,
el brillo del día te apabulla,
el aliento rancio de tus fieles te sostiene.
Animal de cartón que respira,
símbolo de un culto que aún no se me revela,
vapores de polvo alargan tu figura de fiera.
Montaña reina, isla bárbara, me avasallas,
tajo negro en la juventud del llano,
el salitre también consume tus hues....

 
  


Marionetas del aire entre los lavaderos


Muchachas prietas de pies descalzos
pasean bajo aleros de casuchas fantasmales.
Desatan frases de sus bocas malvas,
gotas de saliva escapan de sus labios súbitos,
lluvia fina que escancia de cristal el polvo percudido.
Vírgenes de barro, enhebran historias de sal,
cultivan jardines que responden a la veleidad de su memoria.
Extienden ropas húmedas en cercas raquíticas,
blusas túrgidas, vestidos frágiles,
testimonios de la geografía rotunda de su carne.
Mansas, transparentes,
más allá de los marcos de madera hierven con el día.
Marionetas del aire entre los lavaderos,
inclinan el torso para mirarse los flecos en los humedales.
Se recargan en las bardas desleídas,
sus sombras cobijan lagartijas, reblan...



  

Canta el agua en su trono de rocas


Con su vestidura de roca, se yergue soberana la toma del agua,
princesa monolítica, doncella endurecida,
en su cabeza de piedra relumbra su corona de joyas.
Canta el agua en su trono de rocas, llama líquida,
derrama su voz de recién nacida en las heridas del llano.
La fragilidad de su balbuceo convoca a los habitantes del valle.
Insectos súbditos, mujeres, perros y niños,
atestiguan arrobados su discurso,
su salmodia en el fondo de grandes cacerolas.
Chorro de agua, flor única,
torzal de lodo, plástico arcoíris.
Chocan los cuerpos que comulgan en el atrio de cazuelas,
caen de rodillas, milagro de la tierra que mana.
Cristal puro brota del subsuelo,
cuchillo de gotas, esferas...





Una vaca echada en una zanja


Aparece de mañana una vaca en el terreno baldío,
animal fabuloso plantado en el llano lampiño.
Visitante extranjero, alucinación prodigiosa del polvo,
su piel bicolor escurre en sus corvas segmentos de sueño.
Mansa masa de parsimonia anclada en tierra,
mastica bocados de aire polvoso, rumia las horas,
cuadrúpedo inmortal se alimenta de tiempo.
En el muladar despoblado pasta lodo la vaca,
sus ubres son dedos rosados, casi raíces.
Su cola febril, rosa de los vientos,
combate un enjambre de niños e insectos.
Monumento paciente, estatua nacida para ser indiferente,
sus horas transcurren sentada en la zanja.
En su rostro vacuno, los o...




Castillos polvosos reinan en el llano


Cientos de hombres avanzan sobre el lomo animal de la llanura,
un paso de plomo los hunde y otro los rescata de la tumba.
Remolinos cabalgan la sábana desértica en caballos de plata,
lienzo virgen, cascos de pedernal incendian las heridas de tu carne.
Un enjambre vigoroso de fantasmas
construye murallas de castillos de aire minados por el polvo.
Escarban con sus manos las entrañas de lo abstracto para sembrarlo en tierra,
agitan cortinajes nubosos,
trazan garabatos en el vacío de las callejas de la ciudadela.
Paredes inmateriales brotan del ingenio,
su necesidad de cobijo hace manar cimientos de los surcos desolados.
Elevan torres de migajón negro para abrigar la noche,
paredes dobles de arena para que el sol no avance.
Castillos polvosos reinan en el llano,
lucen jirones de nubes las almenas,
caravanas de hombres duerm.....



  

Bombilla ventruda, cuerpo amarillo de muchacha


Chisporrotea el quinqué en mi isla de madera,
bajo su fronda iluminada, mi reino de atole nace y se derrumba.
El ropero es un cíclope que espía mi paso hasta la cama,
sirenas arrugadas dormitan en cajones desconchados,
su canto delirante se cuela por las hendeduras.
Mi árbol de luz sembrado en una mesa alimenta sombras,
parpadea naranja, estallan sabandijas de cuerpos colorados.
El sueño repta desde las zanjas, trepa las bardas,
evita al grillo, se planta en el borde de la cama y araña mis cobijas.
La flama de la bombilla,
fruto de luz que madura en la intemperie,
palpita.
Llama naranja, faro que guías a puerto seguro mi sueño,
viento luminoso que alejas las sombras opresivas que derivan de la noche.
Bombilla ventruda, cuerpo amarillo de muchacha,
tu mecha herida de fuego cr...



  

La aventura del agua


Cubetas en mano, exploramos en el llano el agua que buscamos.
Somos niños, dar un paso por la fuerza nos consume.
Al amparo de un sol mayor derribamos la ecuación moral que nos oprime,
si es el corazón lo que nos mueve, volamos.
Monstruos feroces se interponen entre nosotros y la flor de agua.
A mi paso escucho el silbo de trenes
y respiro la humareda de dragones.
Alucinaciones del polvo somos,
combatimos en un foso de serpientes a señores de lodo.
El polvo, capa protectora indestructible,
derrota la lluvia de fuego
que cae de los hocicos de las fieras.
Grano a grano, el tiempo nos devuelve al barro,
el espejismo que habitamos nos reclama.
Nuestras armaduras invictas ...

 

  

El aliento amargo de los pizarrones


Brotan tendejones en el llano,
lomos animales de cartón-madera humean de bruces
en las charcas que manaron de las nubes.
Niños cercados por el lodo forman filas en islotes de tabicón crispado,
víctimas futuras saludan su prisión de alas desde el limo.
Una bandera percudida ondea en el asta,
pájaro desmayado, plumaje de pez condenado
a estar varado en los renglones desiguales de la tierra.
La cancha, un pantano,
críos anfibios pescan natas que parecen cocodrilos.
Escuela ínfima surgida entre las zanjas,
alucinación íntima del polvo,
delirio de bancas escuálidas, garabatos forrados de infortunio.
Ventanas de mica retoñan verde en los pasillos, musgo mínimo,
cristal bilioso para contener el aliento amargo de los pizarrones.
Una campana anuncia el viaje al corazón de un patio
sitiado por insectos de saliva envenenada.
Las mañanas tristes abonan sal al despoblado.
Cuando se despiden las mujeres,
los corazones de los niños...





Soy un perro manso que tropieza en el barro


Los ojos de mi padre son dos remolinos congelados,
polvo en reposo anegado de flores mudas.
Millones de insectos lo dejan ciego,
soy sus ojos y mis palabras el camino.
Lo llevo entre las calles
y todos los días le doy noticias del terreno.
Atado a su brazo, soy su guía,
soy su perro manso que tropieza montículos de barro.
Lo conduzco por la zanja
y le describo las bardas que nos siguen.
El viento le murmura paisajes singulares,
sus ojos muertos se han callado,
las escenas que ve no viven en sus ojos sino en su memoria.
Mi padre olvidó qué es un surco y se lo digo.
A su lado, los baldíos se pueblan,
navegan barcas blancas sobre palacios de salitre,
desfilan mujeres cubierta....

 




Clepsidra de polvo


Una cúpula sella el valle,
burbuja de cristal moteado de alas,
Big Bang o dios sembrando nombres en el lodo.
Ángeles y demonios, también de barro, combaten pecho a tierra,
el llano nos contiene, inermes, en un reloj de arena.
El viento ubicuo esculpe rostros y fachadas de bisutería.
Calcina el sol racimos de polvo y los esparce en el terreno.
Caen los granos sobre las cas...

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Carbones sembrados en las aceras somos


Sábana blanca, página inmaculada del día.
Signos se revelan de pie en el borde de aceras descarnadas,
camino al estadio Hombre,
los habitantes del llano hacen familia con los camaleones.
Mujeres disfrazadas de aves aletean en los umbrales,
silban, cantan, agitan sus alas
y aterrizan siempre
junto a la transparencia que reside en el fondo de las ollas de agua.
Hombres oscuros saltan sobre piedras temblonas,
la vida los llama,
potros, monos, desfilan junto a las fachadas.
En los quicios, niños prietos se apiñan,
gira el trompo, zumban los yoyos,
collares de canicas minan los caminos de templos y escuelas.
Carbones sembrados en las aceras somos,
el incendio de las calles vivas nos consume.
Esparcidos en el brasero del llano,
igual que tizones convencidos nos volvemos seres de humo.
El polvo respira, caballo amarillo que caracolea en las bocacalles.
Las casuchas se doblegan y sa...

 

  

Los perros siguen tu rastro de moronas


Santón de las casuchas,
tus vestidos de polvo se desgarran en las bardas que te gruñen.
Caminas sobre el agua de las zanjas,
tu esencia milagrosa consiste en sobrevivir
a la iracunda hambre de los días de vino.
Los muladares son testigos de tu voluntad de piedra,
las mujeres, del ardor de tu saliva.
Altas aves negras te cercan,
los perros siguen tu rastro de moronas.
Santón exiguo, santón del pasmo,
un arma reposa entre los hilachos donde hilvanas sueños.
Un arma para derrotarte
antes de que las pare...

 

  

Del espíritu del polvo brota el agua


Una docena de hombres excava un agujero,
se entierran vivos en la tierra y parecen muertos
y enseguida salen muertos y parece que nacieran.
Abren surcos en la geografía del llano,
se siembran amargos y retornan a la vida.
Escarban e interrogan el terreno,
el espíritu del polvo los anima.
Salta el agua,
aves rojas estallan en sus l...



  

Una estela de nombres de polvo que seremos


Mi madre está al volante de la máquina de la costura,
sus piernas son dos remos de una nave que trepida en el terreno.
Plantada en medio de la habitación florece en telas,
esfinge de barro, un enjambre de blusas, faldas, vuela.
El traqueteo del pedal levanta polvaredas,
señal que avanza, aunque no se mueva.
Con los ojos cerrados es un tren que se desplaza en la llanura,
terreno muerto, sal que adereza nuestras vidas.
Las zanjas se quedan atrás, altas bar....

  

Nubes de jabón me vuelven un cordero


En una tina sembrada en el patio se asienta un lago.
El agua conversa en mi cintura,
traza mis pies blancos y los revela.
Nubes de jabón me vuelven un cordero,
cascadas de algodón sostienen mi ser liviano.
Mis manos tejen flores líquidas que estallan de agua,
peces de plata resbalan de mis dedos.
Frente a mí, el viento modela las bardas,
su mano de ave borronea per...

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El Imperio del Polvo

Juan Norberto Lerma


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